Actividades del MES
TEMAZCAL: PLACER DE DIOSES
Siempre tuve la curiosidad de conocerlo pero la oportunidad llegó cuando fui invitado a participar en esta publicación; nació una relación fraternal que me llevó a Tlahuac a conocerlo y disfrutar de la experiencia.
Un horno de forma semiesférica como iglú de esquimales, pero éste hecho de piedra, barro y cemento me esperaba. Tiene dos orificios, uno externo para colocar piedras volcánicas y leña encendida, otro da al interior de una sala que es donde entra la gente.
Al apagarse las llamas se retiran las brasas y tapan cualquier posible salida del calor, quedando al interior las rocas ardientes.
Los participantes entramos de rodillas con ropa de baño. Adentro hay petates, restos de humo y un discreto aroma a hierbas cocidas. Está tibio y absolutamente oscuro, no tarda en aumentar el calor. Un solemne silencio reina en lo que pareciera un gran vientre.
-¡Esto es sábila-, dice sutilmente nuestra anfitriona; especie de sacerdotisa que de cuando en cuando exclama algo en náhuatl, sugiere -¡úntenla en su cuerpo como si fuera jabón! –,.
Arden mis ojos ante el terco humo. Chilla el agua al caer sobre las piedras calientes. Es una especie de te de hierbas con que nuestra moderna sacerdotisa provoca que se desprendan vapores purificadores. Luego, cual hélice de helicóptero agita ramas de capulín. El calor aumenta y se esparce.
Espíritus en forma de nubes perfumadas nos abrazan. Inicia un ritual náhuatl, se rinde culto a la tierra, viento, agua, fuego.
El sudor recorre nuestros cuerpos. Cada cierto tiempo se repite el chirriar del agua y enseguida ramas agitadas. Aumenta mas y mas el calor.
A cada participante le toca recostarse a recibir ligeros golpes con las ramas de capulín. La sangre fluye con mas fuerza por el cuerpo.
Hacemos un círculo tomados de la mano y pedimos paz en la tierra, salud para los enfermos. Agradecemos al temazcal el bienestar que nos produce.
Quisiéramos que se prolongue, pero las piedras ya no producen mas vapor, nos han entregado su calor y estamos como en trance. Salimos a la luz sin prisas, cabeza por delante, como renaciendo.
Agua tibia también de hierbas nos espera para limpiar un poco nuestro cuerpo del sudor y la sábila.
El viento ruge, se hace presente la lluvia, la tierra mojada esparce su aroma inconfundible, cae un rayo como recordando que están vivos y presentes los cuatro elementos.
Estoy envuelto en manta como capullo, en transición hacia la cotidianeidad, nuevamente sudando, algo indescriptible flota en el ambiente, nadie sube la voz. Tomé conciencia que creía sentirme bien, pero ahora me siento estupendo.
Esa noche disfruté de un descanso tan reparador que la energía me permitió llegar al otro día al trabajo con mas entusiasmo y alegría.
Conclusión, el temazcal ayuda a mejorar nuestra salud física y mental. Vale la pena darse la oportunidad de disfrutar esta práctica azteca que me pareció placer de dioses.

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